¡BIENVENIDO A LA COMUNIDAD!

En algún momento de nuestras vidas, por la razón que sea, vamos a sentir una o varias emociones que nos descarrilan completamente de nuestra realidad y de las que no siempre es fácil salir. En mi caso, hubo un momento muy específico de mi vida en el que me tocó lidiar por primera vez con la ansiedad patológica y con ataques de pánico.

 

Porque, aun siendo psicóloga, no soy inmune a sufrir trastornos ni malos ratos. Recuerdo que antes de tener mi primer ataque de pánico, mi cuerpo me daba señales que yo, en ese entonces, no supe identificar. Sabía que la estaba pasando mal, pero mi pensamiento siempre era: “un poco más, puedes aguantar más, no seas débil”. Y fue justo en ese momento, cuando comenzaron mis creencias desadaptadas. Para mí, renunciar era ser débil, entonces aguanté (definitivamente, mucho más de lo que debía). Pero aunque mi cabeza me decía “no seas débil” mi cuerpo me daba señales de que debía renunciar.

 

A raíz de esa situación, que duró varios meses, aprendí a escuchar a mi cuerpo. Pero la Ana de 2019 no tenía ni la más mínima idea. Me dio una alergia tan grave que terminé con medicación por vía intravenosa, tenía acné a más no poder, la comida era mi vía de escape – me daba más hambre de lo normal y también todo lo contrario, el hecho de pensar en comer me daba náuseas. 

 

Hasta que el comienzo del fin tuvo lugar:  sufrí mi primer ataque de pánico. Lo recuerdo tan vívidamente. Iba manejando un domingo en la mañana por Caracas y apareció de la nada: me sentía ahogada, no podía respirar y pensé que iba a morir. Duró pocos minutos y, por suerte, no había más carros en la vía; de lo contrario, probablemente habría chocado. Me dio tanto miedo ese ataque que empecé a llorar y a temblar todavía en el carro, hasta que logré calmarme, no sin antes escribirles a mis amigas para decirles lo que me había sucedido. En ese momento sí me sirvió de algo ser estudiante de psicología a punto de graduarme, porque me auto-diagnostiqué enseguida. – No está de más decir que no apoyo el autodiagnóstico. Después de este evento, acudí a mi psicóloga para tener un diagnóstico final – .

 

En ese momento yo sabía que algo no estaba bien, pero seguía en mi mente el “no renuncies, no te vayas, no seas débil”. Para que entiendan lo difícil que es eliminar creencias, aún cuando mi cuerpo ya estaba sufriendo y dándome señales, yo todavía pensaba en seguir. Hasta que dos ataques de pánico más tarde y unas sesiones muy complicadas con mi psicóloga me ayudaron a finalmente decir “ya basta”.

 

En mi caso, yo sabía que la situación que me llevó a ese punto de desesperación, aún sin yo salir de ella, tenía fecha de caducidad; quizás por eso aguanté tanto. Pensaba “después de esta fecha seré libre y podré empezar a sanar”. Aun así, no valía la pena poner mi salud mental y física en juego por “aguantar un poco más”.

 

Afortunadamente, ya para ese momento, yo estaba en terapia y durante todos esos meses hablaba con mi psicóloga de lo que ocurría, así que, cuando finalmente decidí avanzar, ya había sanado gran parte del trauma. También me apoyé enormemente en mis amigas de la universidad que podían entender, al menos teóricamente, lo que me estaba pasando; y esa es otra parte importante: aun estudiando psicología, para ese entonces no le daba tanta importancia a la salud mental y a la ansiedad hasta que me ocurrió esto. Yo era una persona que no sufría de ansiedad, y no sabía lo que significaba tener tanto sufrimiento inconsciente tratando de salir. Pasar por esa etapa de mi vida me enseñó el verdadero valor de la salud mental, de ir al psicólogo y de sanar esos traumas que nos causan malestar.

 

Hoy, dos años más tarde, puedo decir que no he vuelto a lidiar con ese tipo de ansiedad ni con ataques de pánico; y sé que si algún día se vuelven a manifestar, ya tengo las herramientas para poder lidiar con ellos. Herramientas que me gustaría compartir contigo en las próximas páginas.

 

Esa es parte de mi historia y, aunque aprendí enormemente de esa etapa de mi vida, no dejo que me defina, porque soy muchísimo más de lo que viví por esos meses. Esto sonará cliché, pero quiero que sepas que por lo que sea que estés pasando, te prometo que hay una luz al final del túnel y ya el “simple” hecho de que hayas abierto este libro y te comprometas a llenarlo y a vivirlo, es un gran paso.

 

Me gustaría recordarte que no estás solo. Siempre habrá alguien apoyándote, a pesar de las circunstancias. Finalmente, a ti, que estás leyendo esto, gracias por permitirme entrar en tu vida y darme la oportunidad de ayudarte a sanar un poco más. ¡Gracias!

Con muchísimo cariño,

Ana

@BeyondTherapyByAna

 

Esta entrada tiene 2 comentarios

    1. Ana Maria Lacruz

      Thank you so much! Hope you see you soon in other blogs!

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